Formación Misionera "Taller Evangelizar con Alegría"

Es un proyecto que busca responder a las características y necesidades de los habitantes de la Ciudad

Teniendo en cuenta que la Misión Permanente en nuestra Iglesia local no es una obra terminada, sino que es un cimiento, cuya base ya perfila el edificio; es un proyecto que se ha venido gestando en muchos años de experiencia pastoral, siempre buscando responder a las características y necesidades de los habitantes de la Ciudad.

Y que en el mundo actual, lleno de retos, estamos invitados a compartir nuestra FE con ALEGRÍA y a ser TESTIGOS de la vida plena que hemos encontrado y vivimos día a día, convencidos de que hemos hallado el Tesoro (cf. Mt 13,44) que proporciona felicidad y llena las aspiraciones más íntimas y profundas del ser humano: JESUCRISTO.

La Iglesia sabe que es necesaria UNA RENOVACIÓN pues “no resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados” (DA, 12).

La Iglesia se da cuenta de que es necesaria una Nueva Evangelización, que debe meterse en estado permanente de misión.

El Equipo Misionero Decanal:

Funciona como equipo formador y articulador de las acciones misioneras inter-parroquiales. Anima la labor misionera en las parroquias donde ya existen EMP y es, además, responsable de promover y acompañar la formación del EMP en las parroquias en las que no existe. (OP, 2014)

La Misión de la Iglesia hoy, requiere, nos dice el Papa Francisco, de evangelizadores alegres.

“Ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza- pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo” (Evangelii Gaudium, 10).