Marisol González

MI EXPERIENCIA EN BRASIL

La aventura comenzó desde el momento en que el Pbro. Arturo M. Barranco Cruz., me dio la noticia de que estaba invitada para participar en la Misión Ad Gentes que la Arquidiócesis de México tenía en la Parroquia de la Santa Cruz, en el Estado de Bahía, Brasil.

Al recordar, vuelvo a vivir las diferentes emociones que sentí, mismas que me sirvieron para emprender un camino de preparación y aprendizaje que hasta el día de hoy continúa dando frutos.

Mi destino para brindar el servicio misionero fue la pequeña Ciudad de Várzea Nova, sede municipal de otras comunidades menores y sede también de la Parroquia de la Santa Cruz; no obstante, que esa parroquia debía atender pastoralmente, además de toda la población del Municipio de Várzea Nova, parte de las comunidades de la Parroquia de San José de Jacobina, pertenecientes al Municipio de Jacobina.

Debo mencionar, que la ubicación del Estado de Bahía, al noreste de Brasil, le proporciona a esa entidad características atractivas pero también contradictorias, pues a pesar de que es uno de los estados que limita con el océano atlántico, una gran parte de su territorio es considerado como semidesértico, esa es una de las principales razones por la cual sus habitantes tienen una vida complicada en cuanto a recursos naturales, pues la escasez de lluvia y mantos acuíferos salubres limitan el desarrollo económico y social de su población.

Sin embargo, en esa Bendita Tierra de Misión dejé parte de mi corazón, con cada una de las personas con las que conviví, con las que lloré, con las que reí, con las que aprendí y, sobre todo con las que pude percibir el Amor incondicional de Mi Buen Dios para conmigo.

Fui bendecida al ser recibida por una población, en su gran mayoría, de afro descendientes, con tradiciones fuertemente marcadas por su origen africano, debido a que la entrada de los portugueses colonizadores fue precisamente por ese estado, los cuales llevaron esclavos negros provenientes de dicho continente.

Al llegar a Brasil, la primera parada que hicimos Lupita Velázquez y yo, fue en la Ciudad de Brasilia para continuar nuestra formación como Misioneras Laicas Ad Gentes de la Arquidiócesis Primada de México, en el Centro de Formación para Misioneros (CENFI), que es una entidad dependiente de las OMP de ese bello país. Fue en la capilla de ese lugar, al hacer oración junto con otros misioneros de diferentes partes del mundo, que grabé en mi memoria y corazón, la cita bíblica que guiaría mis pasos en el camino de la misión que comenzaba: “…quítate las sandalias porque estás entrando en tierra sagrada” (Ex. 3,5). Y así aconteció, desde ese momento, cada pedazo de terreno que pisé de ese suelo querido, lo amé y respete, al igual que a cada uno de sus habitantes, reconociendo en todo ello el Don Divino que hasta hoy representan para mí.

Me gustaría tanto plasmar en estas líneas los nombres de personas, hechos y experiencias que nunca olvidaré de mi estancia en tierras brasileñas, también de mi limitada participación en las pastorales presididas por la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), tales como la Pastoral de la Juventud del Medio Popular (PJMP), la Pastoral de la Juventud del Medio Rural (PJR), la Pastoral de la Niñez (Pastoral da Crianca), y un poco menos con la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT); sin embargo, siento que me haría falta en esta ocasión tiempo y papel para lograrlo, por tanto, no me queda más que seguir agradeciendo a mi Buen Dios, por todo el amor con el que me ha bendecido, específicamente por mi vocación misionera, por el imprescindible apoyo de la Comisión de Misiones de la Arquidiócesis Primada de México y por colocar cerca de mí a grandes personajes que la han, la siguen y la seguirán fortaleciendo, cada día de mi vida.

 

Por la sublime causa de la Misión.

Marisol González Cés